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El refugio de la escuela

El refugio de la escuela

27/04/22

Una imagen nos muestra los muros de un edificio, marcados por la metralla. El espectador contempla los efectos de la ventisca de metal contra la deteriorada coraza que separa la barbarie de la civilización. Pero hay más: vidrios rotos, las cicatrices de una puerta erizada por una ráfaga de proyectiles, un perchero en el que cuelgan algunos enseres personales, pupitres calcinados y evidencias recientes de una evacuación precipitada. La escuela no ha resistido el acoso de las bombas. Para miles de niños, la clausura de las aulas representa el fin del santuario conciliador, de la libre asociación de la ciencia con los valores que sustentan la transmisión del conocimiento, y que, al igual que una huella dactilar, identifica el compromiso de la comunidad con su futuro inmediato.

Sin embargo, cuando en algún lugar del mundo las clases se cierran o se abandonan a la propaganda, otras tantas se inauguran no lejos de allí, dispuestas a acoger a todos aquellos que se cobijan del fuego de mortero, la persecución, la discriminación, el odio o la alienación. Nos gusta creer que nuestra escuela es una de esas por las que corre aire fresco, una brisa que penetra, no por los agujeros que dejan las granadas, sino por las puertas que permanecen siempre abiertas para la infancia que busca refugio. Nuestro refugio.